¡MI HIJO NO TIENE AMIGOS!

¡Mi hijo no tiene AMIGOS!

(Como siempre, resaltamos en rojo y comentamos en azul)

“Las habilidades sociales solo se logran cuando a los niños se les da la autonomía suficiente para ello”.

Una madre de cuatro hijos y psicóloga clínica dice que tener buenos amigos es algo que a los hijos les importa mucho. Pero no es fácil hacer y mantener amigos sanos. Tal vez sea porque todos estamos tan ocupados. Quizá por la presencia constante de aparatos y juegos electrónicos, o por la cantidad de actividades extracurriculares, que han desplazado el simple hábito de jugar juegos tradicionales en compañía.

En el caso de los niños, es fundamental que cuenten con amistades de calidad, bajas en conflictos, íntimas. Tener amistades sanas es cada vez más difícil para los hijos (para esto, conocer a los papás de los amigos y estar muy atentos).

Toda la investigación científica que la Psicología ha reunido apunta a lo mismo: si queremos que nuestros hijos aprendan a manejar el estrés, que se involucren más en los colegios y que sean seguros de sí mismos, hay que ayudarles a que tengan amigos. También si queremos que sean más felices, porque los amigos les hacen más llevaderos los momentos difíciles (y más agradables los fáciles).

La carencia de lazos de amistad en la niñez tiene un alto costo, porque es en esta época cuando la relación entre pares se convierte en un laboratorio para el aprendizaje de habilidades sociales claves en la vida adulta, como la colaboración, la capacidad de resolver conflictos y ponerse de acuerdo, el desarrollo de la identidad y el aprender de ellos (es algo mutuo).

Recuerda un estudio que quienes tuvieron una amistad recíproca fuerte en quinto de primaria, reportaron ser más felices a esa edad, y tenían una alta autoestima y una gran sensación de valor personal a los 23 años.

Mejor sin espacios hipervigilados

Pero el modelo actual de parentalidad ayuda poco. Hay un exceso de supervisión adulta y menos vida de barrio. La calle se ha convertido en un espacio al que se le teme, y la extensión de jornadas escolares deja poco tiempo libre. Entonces, cuando los niños logran estar con sus pares, los adultos están ahí mirándolo todo, resolviendo por ellos cualquier problema que pueda surgir e incluso escogiendo con quién deben juntarse.

Los niños tienen cada vez menos espacios para crear ese mundo aparte que la generación anterior de niños sí tenía. Ese lugar completamente separado del mundo adulto, donde se pueden desarrollar identidades que no sean solo la de hijo, sino también la de niño o muchacho. Pero esa separación no debe ser ingenuidad: salir hasta las 2 a. m., ir solos a fincas con niñas, amistad con adultos o mantenerlos con mucho dinero, NO.

Hay que saber ayudarlos

Adicionalmente, los papás están viviendo su rol con mucha ansiedad (“Mi mamá es muy intensa”). Hay especialistas que están hablando incluso de una paternidad paranoide. Con esta hipervigilancia, los niños ven que “los adultos desconfían, creen que nosotros no somos capaces de solucionar problemas.”

“Los padres tienen que entender que las competencias sociales se desarrollan, no son espontáneas, y solo son posibles mientras les des a los niños la oportunidad y autonomía suficiente para ello”, acota Ana Vergara.

¿Significa esto que no hay que ayudarlos cuando cuentan que pelearon con un amigo, que se sienten fuera de su grupo, que alguien les hizo bullying en las redes sociales, que no saben cómo conseguir amigos? No, hay que ayudarlos. De ahí la necesidad de conversar con los hijos, de ser amigos, de gastarles tiempo. Los niños -coinciden los especialistas- viven estos conflictos con gran intensidad e incluso con dolor. El punto es cómo apoyarlos.

Debemos explicarles, por ejemplo, cómo su lenguaje corporal puede dar a entender que no quieren jugar con otros (seriedad o fingir desinterés); recordarles lo importante que es no corregir a otros de su misma edad –para eso están los adultos– y aprender a ser sinceros, pero no pesados, poner pocas quejas (no “sapear”). Invitarlos a aceptar la existencia de “puntos ásperos” y a no ser amigos “pulpos”, asfixiantes y absorbentes.

Una estrategia muy llamativa es ‘mira, y luego mézclate’: un sistema para entrar en grupos sin interrumpir el juego en el que los otros ya están involucrados (sin preguntas cansonas).

Papá y mamá deben ayudar de lejitos. Es tentador meterse, hablar con los otros padres cuando hay conflictos. Sobrepasarnos nos hace sentir que los protegemos, pero no funciona. Lo más efectivo es hablar con los hijos, enseñarles a manejar las situaciones de manera asertiva. Explicarles la importancia de hablar, porque sus amigos pueden no tener ni idea del interés que sienten, y ayudarlos a entender el punto de vista del otro.

El peligro de querer ser “famosos”

Esta comunicación puede ayudar, por ejemplo, a que los niños dejen de sufrir cuando no son parte del grupo de los “famosos”. Las investigaciones demuestran que los niños evaluados por otros como populares funcionan como un magneto: atraen porque “es estimulante estar en la cima”. Y, además, porque suelen ser más atractivos física y socialmente, menos aburridores y, normalmente, de familias con más recursos económicos.

Muchos padres sufren porque sus hijos no son populares. Sin embargo, miren:

a) cuando una investigación preguntó a un grupo de niños qué compañeros de curso eran los más populares y cuáles los que más les gustaban, solo el nueve por ciento estaba en ambos grupos a la vez. ¿La razón? Los estudios muestran que los niños calificados como populares suelen usar la bondad y la crueldad de manera estratégica, manipulando y ejerciendo una suerte de control dañino.

b) Y que muchos niños populares podrían volverse adolescentes involucrados en el consumo de drogas y alcohol o en conductas sexuales precoces. La popularidad es un valor muy superficial y los padres deben conversar sobre esto con sus hijos. Para lograr buenos resultados, es importante empatizar con el hijo, comprender lo que siente, para poder ser “interlocutores escuchables”. Y luego, ayudarlos de forma amorosa. (Cuidado: hoy hay mamás y papás que no son interlocutores escuchables: sermonean, regañan, no dejan hablar).

Las amistades de los jóvenes pueden cambiar por otras y esto no es signo de inmadurez o superficialidad. Los padres no deben condenar esto; y los pelaos deben aprender que no siempre serán los elegidos por sus amigos para todo.

Pero lo central es la bondad. Siempre la amistad sincera está emparentada por el hecho de tomar decisiones amables para con el otro.

Ocho consejos para los hijos

1. Acercarse, dar el primer paso: para hacer nuevos amigos conviene buscar áreas comunes de interés (deporte, TV, un juego, invitarlos a estudiar juntos); evitar el lenguaje corporal difuso (como ponerse a leer o dar la espalda, cuando en realidad se quisiera estar jugando); no hacer comentarios con aires de superioridad; hacer preguntas a los compañeros de quienes quiere ser amigo.

2. Coincidir frecuentemente: preguntar cosas, llamar para tareas, hacer y pedir favores. Recordar nombres, invitar y aceptar invitaciones, intercambiar contactos. Ojo: sonreír. Y todo sin audífonos ni celular, que impiden conversar.

3. Dar un paso atrás: dejar pasar tiempo entre una invitación y otra; aceptar que el otro tenga más amigos. Resistir la tentación de corregir, gritar y hacer bromas pesadas. Esperar un poco.

4. Fundirse: no llegar y entrar ya en un grupo que está jugando; mirar primero, y acercarse con un comentario pertinente a lo que están haciendo. Si ya tiene un amigo, acercarse a los amigos de este.

5. Usar la voz: saber decir “sí” y “no”, con calma; y expresar con sinceridad, pero sin autoritarismo, lo que se quiere. No fingir modos de ser, sino ser tal cual es.

6. Saber reaccionar: no quedarse pegado en el enojo y la rabia. Entender que si el otro hace algo que me molesta, puede ser un malentendido. Perdonar y empatizar. Intentarlo una vez más.

7. Para entrar en un grupo: acercarse primero a cada miembro por separado.

8. Autoestima: los papás pueden reforzarla en sus hijos, recordándoles sus cualidades, una por una, para que ganen seguridad; pero sin exagerar.

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Adaptado de: Sofía Beuchat (El Mercurio de Chile); ‘Growing Friendships. A kids’ guide to making and keeping friends’ (Eileen Kennedy-Moore y Christine McLaughlin); Benjamín Reyes, psicólogo y terapeuta familiar; psicóloga Ana Vergara; Wikihow.com

 

Más información de este tema: arturo.pinzon@horizontes.edu.co